martes, 8 de noviembre de 2011

buena suerte


Pongamos que un buen día asistes a una de esas charlas que dan hombres de éxito. Hombres hechos a sí mismos, hombres de origen humilde que consiguen hacerse un hueco en la cumbre a base de codazos, trabajo duro y, como les gusta reconocer para parecer personas de a pie, un poco de suerte.
Pues bien acabas de salir de una de esas charlas en una facultad. Tu vida es una mierda en líneas generales; estás atrapado en un trabajo que no te lleva a nada, hace meses que no te llevas a ninguna mujer a la cama, tu ex novia sale con un joven heredero de un imperio empresarial y has oído a ese triunfador contar cómo se hizo rico.
A esos tipos suele gustarles mucho tirarse el rollo; te cuentan que tenían unos cincuenta euros ahorrados y que con eso participaron en una rifa que les llevó a obtener una moto con la cual podían desplazarse para trabajar –aún teniendo que levantarse a tempranas horas- y luego esa moto resultó ser una reliquia por la cual se pegaban de hostias cientos de coleccionistas a nivel mundial y entonces el tipo decidió venderla y montar un pequeño negocio que finalmente fue adquirido por una macro corporación internacional que le llevó a… Todo ese rollo de ‘’cadena de favores’’, ‘’trueque’’, o como demonios quieran llamarlo… Joder, de verdad que me pone enfermo…
Bueno entonces ahí estás tú, con unos cincuenta euros ahorrados a base de repartir pizzas y te piras a una rifa de la feria de tu barrio, a ver si te toca la dichosa moto que te lleve a lo más alto del mundo empresarial, y entonces, cuando rascas tu puto cupón, sólo puedes leer: ‘’boleto no premiado, buena suerte la próxima vez’’. 
Entonces ahí estás tú, con la uña gris de haber rascado ese puto boleto no premiado de mierda, cagándote una y otra vez en la madre de aquel emprendedor de orígenes humildes y en su puta falsa modestia. 

martes, 25 de octubre de 2011

NORUEGA


Le vi saltar del barco y nadie pareció inmutarse. Sólo hacía tres horas que habíamos zarpado, pero supongo que es lo que tienen los cruceros... La gente está demasiado ocupada disfrutando y fingiendo ser feliz por un tiempo, y en esa borrachera de falsos sentimientos no hay sitio para un pobre hombre atormentado.
Le vi saltar y nadie pareció inmutarse. debíamos de estar a unos cinco grados. Si bien el barco no era especialmente alto, la velocidad a la que íbamos hizo que, en cuestión de segundos, lo perdiese del todo de vista.
No avisé a nadie. Di por hecho que lo había hecho voluntariamente. No hizo ningún gesto de socorro desde el agua ¿por qué iba a molestarle yo entonces?
oía a los niños corretear por el barco. Veía a las madres comprando alcohol y tabaco en el duty free. Mis amigos dormían para intentar combatir la resaca. Yo simplemente observaba. Observaba y pensaba. Tenía esa canción en mi cabeza, ¿cómo se llamaba? Decía algo así como DUP-DUP-DUP-NA-NA-NA-NA. No podía recordar su nombre, pero me relajaba. Asentaba las miles de ideas que corrían por mi cabeza en ese momento. ¿Dónde estaría en un año? ¿Dónde estaría ahora aquel tipo? Por primera vez en mi vida no tenía metas, y eso me hacía sentir bien. Eché de menos mi libreta de notas -me la había dejado en casa- pero ya no echaba de menos nada de lo demás. Me tenía a mí, y a mi cabeza. También pensé en la noche anterior y en todos mis errores. ‘’Supongo que idealizo rápido’’ –pensé- y volví a mi camarote.

Pasadas unas horas nadie había mencionado nada acerca del incidente. Bajé al bufet pero no tenía hambre. La gente a mi alrededor tragaba pedazos de carne y marisco sin parar. Mi mundo parecía haberse parado entre Oslo y Copenhague. El hombre atormentado debía de estar ya en un lugar mejor –al menos para él- o al menos en el estómago de alguna que otra bestia marina. Salí a la cubierta y hacía más frío. Pensé en cómo había un hombre capaz de trasladar aquel barco tan grande en medio de la noche. Pensé en su responsabilidad, en que siempre hay alguien detrás que se encarga de solucionar tus errores pero.. ¿y los de aquel hombre? Eran dudas de crío, sin ningún sentido. Hay ingenieros y toneladas de tecnología detrás de todo eso… Se estaba verdaderamente a gusto a pesar del frío. Todos estaban dentro, cenando, con sus mejores galas, y con ganas de emborracharse aquella noche. Quien sabe, quizás hasta alguno consiguiera llevarse a alguna a la cama. Se estaba verdaderamente a gusto en la cubierta a pesar del frío, tan a gusto, que decidí quedarme allí un ratito más, hasta por fin decidir que lo mejor era saltar y encontrarme con el frío Mar del Norte. 

viernes, 7 de octubre de 2011

CLUB LAS PALMERAS


Los cuatro nos miramos con cara de circunstancias. Todos sabíamos que no había sido buena idea lo de ir a aquella fiesta. Richi acababa de salir del armario y no dejaba de flirtear con todo ser viviente que contase con un pene entre sus piernas. A Carlos acababan de echarle del trabajo y la fiesta era en casa de la hija del director de Recursos Humanos de la empresa. Alberto había vuelto a la cocaína y no dejaba de ir al baño con tías con ganas de fiesta -cosa que no está nada mal- mientras que yo acababa de encontrarme a mi ex. Hacía casi dos años que no la veía. Optó por presentarme a su nuevo novio. Estaba en forma, lucía un look bastante de padre y tenía mucha más pasta que yo. Me preguntó que cómo me iba todo y recalcó que yo era escritor. Intenté matizar un poco aquello pero de poco sirvió. Yo llevaba cuatro meses en el paro y había engordado unos seis kilos. Mis proyectos de convertirme en escritor se estaban yendo al garete -llevaba cosa tres meses sin escribir absolutamente nada- y también hacía un buen tiempo que no la metía. 
A ellos se les veía contentos. Ya saben, contentos de los de ahora: buenos salarios, buenos coches, muchos eventos interesantes y muchas fotos con niños pobres en viajes al tercer mundo. 
En el fondo todos sabíamos que no había sido buena idea lo de ir a aquella fiesta. Los hermanos pequeños de las que un día habían sido nuestras mujeres -aquellos que por aquel entonces nos habían idolatrado- se reían de nosotros y se tiraban a nuestros antiguos ligues. Conducían Audis y se metían mucha mierda de diseño. Todos parecían tener trabajos apasionantes con nombres muy raros -community manager, cirujano maxilofacial en prácticas- y nosotros parecíamos estar acabados. Un buen día, tiempo atrás, habíamos hecho cosas apasionantes; habíamos tocado en grupos, tomado a preciosas mujeres en playas del Mediterráneo y viajado por el mundo en adelante con pocos chavos en el bolsillo. Entonces aquello VALÍA de algo pero... ¿y ahora? 
Joder, entonces vi a Richi salir de la mano de un sarasa y meterse entre los matorrales del jardín trasero. Pensé en ir allí y decirle que se había vuelto loco, que en realidad le gustaban las mujeres. Supuse que para él la fiesta no había sido tan mala idea... Después apareció Carlos, me dijo que había conocido a un tío, que le iba a hacer una entrevista el lunes y que quizás consiguiese el empleo. No sabía si alegrarme por él o qué. Alberto seguía a lo suyo, en el baño, más delgado y animado que nunca con algo de mierda en el cuerpo. Yo seguía exactamente igual que antes de llegar a la fiesta, sólo que peor. No sabía si hacerme marica, chupar algún culo para encontrar un empleo que no me llenase o acompañar a Alberto en el mundo de la farlopa. Ninguno de los tres parecía un buen plan, así que llamé a un taxi sin decir nada a nadie. Me crucé con mi ex de nuevo al salir, me dijo que tenía prisa, que su vuelo a Filipinas salía en cosa de cuatro horas, que ya hablaríamos. ¿Y de qué coño quería hablar? ¿De Filipinas? ¿De cómo se la tira ese cretino? 
- ¡Taxi! ¡Taxi! Al club Las Palmeras, por favor, y rapidito... Por cierto, ¿no tendrá usted algún amigo que pase algo por ahí no?

jueves, 22 de septiembre de 2011

LLUVIA

Llovía todos los días. Cada mañana me despertaba la luz que entraba por la ventana acompañada por el ruido de las gotas contra el cristal. CLONG-CLONG-CONG. El ruido acababa por hacerse insoportable, llovía todos los malditos días. 
Salía de mi apartamento para hacer la compra y empezaba a llover. Volvía a entrar y, cuando los primeros rayos de sol asomaban, otra vez llovía. Se podría decir que llovía todo el santo día. Ibas a cenar y llovía, salías del baño y llovía, salías a dar un paseo por el parque y llovía. Al final opté por no salir. Me quedaba en mi minúsculo apartamento durante horas. Simplemente era mejor así. Estuve sin salir un par de semanas. Ya me había leído todos mis libros y visto todas mis películas. La única comida que quedaba eran unas latas de judías que había dejado el anterior inquilino. La casa estaba limpia -ventajas del tiempo libre- pero sabía que mi única opción era salir. Al fin y al cabo era sólo lluvia ¿no? Necesitaba comida y algo de entretenimiento para poder seguir ahí. No había recibido ni una sola visita durante aquel tiempo. El teléfono no había sonado porque no tenía. Miré por la ventana antes de salir. Llovía a cántaros. Nadie parecía preocupado. Cogí un chubasquero y unas botas. Abrí la puerta y vi a dos de mis vecinos hablando junto al ascensor. Se sorprendieron un poco al verme, pero decidí evitarlos diciéndoles que tenía prisa y bajé por las escaleras. Podía oír cómo las gotas golpeaban salvajemente el cristal de la puerta. CLONG-CLONG-CLONG. Decidí abrirla sin pensármelo dos veces, como el que se tira de un puente. Estaba listo y preparado para lo peor, no dejaba de repetirme que aquello sólo era lluvia. Empezó a caer sobre mi chubasquero, deslizándose hasta alcanzar el suelo como si mi cuerpo fuese una cascada. Estaba a punto de rendirme otra vez, pero fue sacar el candado de la bici y todo paró. De pronto salió el sol, y con él los niños salieron a jugar al parque y los tipos que vendían paraguas en las esquinas se esfumaron. Supongo que ahora venden gorras o ventiladores de mano. Fui a la tienda con el chubasquero y las botas. Uno siempre tiene que estar preparado...

martes, 20 de septiembre de 2011

christopher bowder



CHRISTOPHER BOWDER, DE MANSIONS, ES MUUUUUUUUUUUUUUUY TITO!!!!!!!!!!!

escucharlo y volver al 2008, así, de repente. 

lunes, 19 de septiembre de 2011

el futuro

el cabecilla de la banda se llamaba lars. algunos de ellos eran latinos pero, en su mayoría, la banda estaba formada por tipos escandinavos y caucásicos. raro ¿verdad? normalmente se asocian las bandas a otras etnias (no seré yo quien las mencione), pero ésta banda era una banda DEL FUTURO y joder así eran las cosas allí. (note el lector cómo me refiero al futuro en tiempo pasado, dejando claro que ya he estado allí). 
así que bueno, estaba yo allí en compañía de mi padre -en el futuro, por si no ha quedado claro aún- y nos disponíamos a comprar un coche. yo había cumplido los 30 y por fin me había sacado el carnet. no es que fuese lo normal en el futuro -ni mucho menos- pero así era. como tampoco tenía un empleo estable mi padre estaba allí, ayudándome económicamente para que adquiriese mi primer -y, posiblemente, último- automóvil. 
joder ahora que lo pienso, en el futuro yo era un perdedor en toda regla. no tenía empleo, ni coche, ni pareja. además tenía 30 años, que es una edad que suena muy terrible para todo (menos para casarse). la verdad no sé si eso era lo habitual allí -lo dudo- pero es que era mi puto primer día en el futuro y estaba comprando un coche. 
entonces, como les venía contando, estábamos eligiendo el coche. habíamos ido a muchos concesionarios y a visitar a amigos de mi padre, pero todos nos pedían millones de pesetas por auténticas mierdas de coches. ah, quizás no se hayan enterado... en el futuro españa vuelve a la peseta. no sé en qué año exactamente, pero cuando yo tenía 30, todo era en pesetas. 
aquellos chavales más jóvenes que yo manejaban buenos carros. el cabecilla -un tipo rubio con una cinta en el pelo y chándal- me ofreció un último modelo con tan sólo mil kilómetros por un precio de risa. además de eso, si pagaba ya, me regalaba otro coche más pequeño. ustedes pensaran que aquello no podía ser -se trataba de coches casi nuevos en perfectas condiciones- pero todos parecíamos convencidos. nadie pareció extrañarse. aquellos tipos actuaban de forma fría y calculadora, no había sitio para la camaradería. nos puso algunas condiciones estúpidas en el contrato, como tener que llevar una pegatina con las siglas de su banda y comprar pizza para llevar una vez a la semana en el restaurante de su colega neels, pero lo hizo todo con mucha religiosidad. 
ahora cuando lo cuento la gente suele reaccionar diciendo que cómo fui tan gilipollas, que cómo me dejé estafar de aquella manera. joder estábamos en el puto futuro, y habían pesetas. así funcionaban las cosas... además, se suelen olvidar de que, al fin y al cabo, lo guapo de la historia es que yo estaba en el futuro. 

lunes, 5 de septiembre de 2011

3 VECES AL DÍA



papel-higienico.jpg


No le gustaba su trabajo. Se tiraba ocho horas al día en aquella oficina, sintiéndose productivo solamente a ratos. Al menos tenía jornada continua, hecho que le permitía tener algo de tiempo para sí mismo durante las tardes. 
Se había pasado cinco años sin pena ni gloria en una prestigiosa facultad privada. Hablaba idiomas y se podía decir que había viajado bastante (aunque no tanto como sus pretenciosos compañeros de cátedra, que sentían que si no se gastaban mil euros en el billete no era viajar). No le costó demasiado encontrar un primer empleo aceptablemente remunerado. Miraba a su alrededor en la oficina. Poco tenía que ver con aquella gente. No se interesaba demasiado por ellos en sus pausas del café, tan sólo hablaba de fútbol con algún becario o ponía excusas baratas cuando era invitado a la cena mensual del departamento. 
Lo hacía tres veces al día; una al despertarse, otra al volver de la oficina y la última antes de acostarse. Alguno podría decir que son muchas veces, pero a él no se lo parecía. Algo tenía que hacer para seguir adelante. 
Conocía a mucha gente en la ciudad, pero ya se había hartado. Con sus tres veces al día le bastaba. Esos cinco minutos le hacían olvidarse de todo y volver a sentirse en la cima, donde un buen día estuvo. 
Muchas veces pensaba en dejarlo, pero los dos mil euros al mes que cobraba no estaban nada mal. Podía permitirse un pequeño apartamento para él sólo, decorado a su gusto minimalista y con una asistenta que venía dos días a la semana a limpiar y plancharle la ropa del trabajo. El fin de semana podía emborracharse en los bares y comer un par de porciones de pizza a las seis de la mañana. Solía quedar con sus amigos para ‘‘buscar chicas que llevarse a casa’’, pero se pasaba la mitad del tiempo pensando en sus tres veces al día y creía que no le hacía falta más. Se podría decir que incluso lo prefería. Toda esa palabrería, invitar a copas y prometer cenas o lo que fuese ya le cansaba. 
Hacía cinco meses que no la veía y se sentía mejor. ``Otras vendrán´´-le decían sus amigos- pero a él le daba igual. Estaba bien así; él y sus tres veces al día, sus tres veces al día y él. Su dinero en el banco a fin de mes. Su reticencia a los grandes planes y sus viajes low cost de fin de semana para visitar a amigos borrachuzos y solitarios. 
Alguno podría decir que tres veces al día son muchas veces, pero a él no se lo parecía. Era lo que le permitía seguir adelante.