estás tú ahí quejándote de no tener trabajo, de seguir viviendo con tus padres a pesar de tener 32 años, de que estás atascado en esa ciudad de provincia y que todo es una mierda... joder entonces entras en google, tecleas ''norilsk, siberia'' y empiezas a pensar que todo va sobre ruedas...
lunes, 28 de noviembre de 2011
martes, 8 de noviembre de 2011
buena suerte
Pongamos que un buen día
asistes a una de esas charlas que dan hombres de éxito. Hombres hechos a sí
mismos, hombres de origen humilde que consiguen hacerse un hueco en la cumbre a
base de codazos, trabajo duro y, como les gusta reconocer para parecer personas
de a pie, un poco de suerte.
Pues bien acabas de salir de
una de esas charlas en una facultad. Tu vida es una mierda en líneas generales;
estás atrapado en un trabajo que no te lleva a nada, hace meses que no te
llevas a ninguna mujer a la cama, tu ex novia sale con un joven heredero de un
imperio empresarial y has oído a ese triunfador contar cómo se hizo rico.
A esos tipos suele gustarles
mucho tirarse el rollo; te cuentan que tenían unos cincuenta euros ahorrados y
que con eso participaron en una rifa que les llevó a obtener una moto con la
cual podían desplazarse para trabajar –aún teniendo que levantarse a tempranas
horas- y luego esa moto resultó ser una reliquia por la cual se pegaban de
hostias cientos de coleccionistas a nivel mundial y entonces el tipo decidió venderla
y montar un pequeño negocio que finalmente fue adquirido por una macro
corporación internacional que le llevó a… Todo ese rollo de ‘’cadena de
favores’’, ‘’trueque’’, o como demonios quieran llamarlo… Joder, de verdad que
me pone enfermo…
Bueno entonces ahí estás tú,
con unos cincuenta euros ahorrados a base de repartir pizzas y te piras a una
rifa de la feria de tu barrio, a ver si te toca la dichosa moto que te lleve a
lo más alto del mundo empresarial, y entonces, cuando rascas tu puto cupón, sólo
puedes leer: ‘’boleto no premiado, buena suerte la próxima vez’’.
Entonces ahí estás tú, con la
uña gris de haber rascado ese puto boleto no premiado de mierda, cagándote una
y otra vez en la madre de aquel emprendedor de orígenes humildes y en su puta falsa
modestia.
martes, 25 de octubre de 2011
NORUEGA
Le vi saltar del
barco y nadie pareció inmutarse. Sólo hacía tres horas que habíamos zarpado,
pero supongo que es lo que tienen los cruceros... La gente está demasiado
ocupada disfrutando y fingiendo ser feliz por un tiempo, y en esa borrachera de
falsos sentimientos no hay sitio para un pobre hombre atormentado.
Le vi saltar y
nadie pareció inmutarse. debíamos de estar a unos cinco grados. Si bien el
barco no era especialmente alto, la velocidad a la que íbamos hizo que, en
cuestión de segundos, lo perdiese del todo de vista.
No avisé a
nadie. Di por hecho que lo había hecho voluntariamente. No hizo ningún gesto de
socorro desde el agua ¿por qué iba a molestarle yo entonces?
oía a los niños corretear por el barco. Veía a
las madres comprando alcohol y tabaco en el duty free. Mis amigos dormían para
intentar combatir la resaca. Yo simplemente observaba. Observaba y pensaba.
Tenía esa canción en mi cabeza, ¿cómo se llamaba? Decía algo así como
DUP-DUP-DUP-NA-NA-NA-NA. No podía recordar su nombre, pero me relajaba.
Asentaba las miles de ideas que corrían por mi cabeza en ese momento. ¿Dónde
estaría en un año? ¿Dónde estaría ahora aquel tipo? Por primera vez en mi vida
no tenía metas, y eso me hacía sentir bien. Eché de menos mi libreta de notas
-me la había dejado en casa- pero ya no echaba de menos nada de lo demás. Me
tenía a mí, y a mi cabeza. También pensé en la noche anterior y en todos mis
errores. ‘’Supongo que idealizo rápido’’ –pensé- y volví a mi camarote.
Pasadas unas horas nadie había mencionado nada
acerca del incidente. Bajé al bufet pero no tenía hambre. La gente a mi
alrededor tragaba pedazos de carne y marisco sin parar. Mi mundo parecía
haberse parado entre Oslo y Copenhague. El hombre atormentado debía de estar ya
en un lugar mejor –al menos para él- o al menos en el estómago de alguna que
otra bestia marina. Salí a la cubierta y hacía más frío. Pensé en cómo había un
hombre capaz de trasladar aquel barco tan grande en medio de la noche. Pensé en
su responsabilidad, en que siempre hay alguien detrás que se encarga de
solucionar tus errores pero.. ¿y los de aquel hombre? Eran dudas de crío, sin
ningún sentido. Hay ingenieros y toneladas de tecnología detrás de todo eso… Se
estaba verdaderamente a gusto a pesar del frío. Todos estaban dentro, cenando,
con sus mejores galas, y con ganas de emborracharse aquella noche. Quien sabe,
quizás hasta alguno consiguiera llevarse a alguna a la cama. Se estaba
verdaderamente a gusto en la cubierta a pesar del frío, tan a gusto, que decidí
quedarme allí un ratito más, hasta por fin decidir que lo mejor era saltar y
encontrarme con el frío Mar del Norte.
viernes, 7 de octubre de 2011
CLUB LAS PALMERAS
Los cuatro nos miramos con cara de circunstancias. Todos sabíamos que no había sido buena idea lo de ir a aquella fiesta. Richi acababa de salir del armario y no dejaba de flirtear con todo ser viviente que contase con un pene entre sus piernas. A Carlos acababan de echarle del trabajo y la fiesta era en casa de la hija del director de Recursos Humanos de la empresa. Alberto había vuelto a la cocaína y no dejaba de ir al baño con tías con ganas de fiesta -cosa que no está nada mal- mientras que yo acababa de encontrarme a mi ex. Hacía casi dos años que no la veía. Optó por presentarme a su nuevo novio. Estaba en forma, lucía un look bastante de padre y tenía mucha más pasta que yo. Me preguntó que cómo me iba todo y recalcó que yo era escritor. Intenté matizar un poco aquello pero de poco sirvió. Yo llevaba cuatro meses en el paro y había engordado unos seis kilos. Mis proyectos de convertirme en escritor se estaban yendo al garete -llevaba cosa tres meses sin escribir absolutamente nada- y también hacía un buen tiempo que no la metía.
A ellos se les veía contentos. Ya saben, contentos de los de ahora: buenos salarios, buenos coches, muchos eventos interesantes y muchas fotos con niños pobres en viajes al tercer mundo.
En el fondo todos sabíamos que no había sido buena idea lo de ir a aquella fiesta. Los hermanos pequeños de las que un día habían sido nuestras mujeres -aquellos que por aquel entonces nos habían idolatrado- se reían de nosotros y se tiraban a nuestros antiguos ligues. Conducían Audis y se metían mucha mierda de diseño. Todos parecían tener trabajos apasionantes con nombres muy raros -community manager, cirujano maxilofacial en prácticas- y nosotros parecíamos estar acabados. Un buen día, tiempo atrás, habíamos hecho cosas apasionantes; habíamos tocado en grupos, tomado a preciosas mujeres en playas del Mediterráneo y viajado por el mundo en adelante con pocos chavos en el bolsillo. Entonces aquello VALÍA de algo pero... ¿y ahora?
Joder, entonces vi a Richi salir de la mano de un sarasa y meterse entre los matorrales del jardín trasero. Pensé en ir allí y decirle que se había vuelto loco, que en realidad le gustaban las mujeres. Supuse que para él la fiesta no había sido tan mala idea... Después apareció Carlos, me dijo que había conocido a un tío, que le iba a hacer una entrevista el lunes y que quizás consiguiese el empleo. No sabía si alegrarme por él o qué. Alberto seguía a lo suyo, en el baño, más delgado y animado que nunca con algo de mierda en el cuerpo. Yo seguía exactamente igual que antes de llegar a la fiesta, sólo que peor. No sabía si hacerme marica, chupar algún culo para encontrar un empleo que no me llenase o acompañar a Alberto en el mundo de la farlopa. Ninguno de los tres parecía un buen plan, así que llamé a un taxi sin decir nada a nadie. Me crucé con mi ex de nuevo al salir, me dijo que tenía prisa, que su vuelo a Filipinas salía en cosa de cuatro horas, que ya hablaríamos. ¿Y de qué coño quería hablar? ¿De Filipinas? ¿De cómo se la tira ese cretino?
- ¡Taxi! ¡Taxi! Al club Las Palmeras, por favor, y rapidito... Por cierto, ¿no tendrá usted algún amigo que pase algo por ahí no?
jueves, 22 de septiembre de 2011
LLUVIA
Llovía todos los días. Cada mañana me despertaba la luz que entraba por la ventana acompañada por el ruido de las gotas contra el cristal. CLONG-CLONG-CONG. El ruido acababa por hacerse insoportable, llovía todos los malditos días.
Salía de mi apartamento para hacer la compra y empezaba a llover. Volvía a entrar y, cuando los primeros rayos de sol asomaban, otra vez llovía. Se podría decir que llovía todo el santo día. Ibas a cenar y llovía, salías del baño y llovía, salías a dar un paseo por el parque y llovía. Al final opté por no salir. Me quedaba en mi minúsculo apartamento durante horas. Simplemente era mejor así. Estuve sin salir un par de semanas. Ya me había leído todos mis libros y visto todas mis películas. La única comida que quedaba eran unas latas de judías que había dejado el anterior inquilino. La casa estaba limpia -ventajas del tiempo libre- pero sabía que mi única opción era salir. Al fin y al cabo era sólo lluvia ¿no? Necesitaba comida y algo de entretenimiento para poder seguir ahí. No había recibido ni una sola visita durante aquel tiempo. El teléfono no había sonado porque no tenía. Miré por la ventana antes de salir. Llovía a cántaros. Nadie parecía preocupado. Cogí un chubasquero y unas botas. Abrí la puerta y vi a dos de mis vecinos hablando junto al ascensor. Se sorprendieron un poco al verme, pero decidí evitarlos diciéndoles que tenía prisa y bajé por las escaleras. Podía oír cómo las gotas golpeaban salvajemente el cristal de la puerta. CLONG-CLONG-CLONG. Decidí abrirla sin pensármelo dos veces, como el que se tira de un puente. Estaba listo y preparado para lo peor, no dejaba de repetirme que aquello sólo era lluvia. Empezó a caer sobre mi chubasquero, deslizándose hasta alcanzar el suelo como si mi cuerpo fuese una cascada. Estaba a punto de rendirme otra vez, pero fue sacar el candado de la bici y todo paró. De pronto salió el sol, y con él los niños salieron a jugar al parque y los tipos que vendían paraguas en las esquinas se esfumaron. Supongo que ahora venden gorras o ventiladores de mano. Fui a la tienda con el chubasquero y las botas. Uno siempre tiene que estar preparado...
martes, 20 de septiembre de 2011
christopher bowder
CHRISTOPHER BOWDER, DE MANSIONS, ES MUUUUUUUUUUUUUUUY TITO!!!!!!!!!!!
escucharlo y volver al 2008, así, de repente.
lunes, 19 de septiembre de 2011
el futuro
el cabecilla de la banda se llamaba lars. algunos de ellos eran latinos pero, en su mayoría, la banda estaba formada por tipos escandinavos y caucásicos. raro ¿verdad? normalmente se asocian las bandas a otras etnias (no seré yo quien las mencione), pero ésta banda era una banda DEL FUTURO y joder así eran las cosas allí. (note el lector cómo me refiero al futuro en tiempo pasado, dejando claro que ya he estado allí).
así que bueno, estaba yo allí en compañía de mi padre -en el futuro, por si no ha quedado claro aún- y nos disponíamos a comprar un coche. yo había cumplido los 30 y por fin me había sacado el carnet. no es que fuese lo normal en el futuro -ni mucho menos- pero así era. como tampoco tenía un empleo estable mi padre estaba allí, ayudándome económicamente para que adquiriese mi primer -y, posiblemente, último- automóvil.
joder ahora que lo pienso, en el futuro yo era un perdedor en toda regla. no tenía empleo, ni coche, ni pareja. además tenía 30 años, que es una edad que suena muy terrible para todo (menos para casarse). la verdad no sé si eso era lo habitual allí -lo dudo- pero es que era mi puto primer día en el futuro y estaba comprando un coche.
entonces, como les venía contando, estábamos eligiendo el coche. habíamos ido a muchos concesionarios y a visitar a amigos de mi padre, pero todos nos pedían millones de pesetas por auténticas mierdas de coches. ah, quizás no se hayan enterado... en el futuro españa vuelve a la peseta. no sé en qué año exactamente, pero cuando yo tenía 30, todo era en pesetas.
aquellos chavales más jóvenes que yo manejaban buenos carros. el cabecilla -un tipo rubio con una cinta en el pelo y chándal- me ofreció un último modelo con tan sólo mil kilómetros por un precio de risa. además de eso, si pagaba ya, me regalaba otro coche más pequeño. ustedes pensaran que aquello no podía ser -se trataba de coches casi nuevos en perfectas condiciones- pero todos parecíamos convencidos. nadie pareció extrañarse. aquellos tipos actuaban de forma fría y calculadora, no había sitio para la camaradería. nos puso algunas condiciones estúpidas en el contrato, como tener que llevar una pegatina con las siglas de su banda y comprar pizza para llevar una vez a la semana en el restaurante de su colega neels, pero lo hizo todo con mucha religiosidad.
ahora cuando lo cuento la gente suele reaccionar diciendo que cómo fui tan gilipollas, que cómo me dejé estafar de aquella manera. joder estábamos en el puto futuro, y habían pesetas. así funcionaban las cosas... además, se suelen olvidar de que, al fin y al cabo, lo guapo de la historia es que yo estaba en el futuro.
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