jueves, 21 de julio de 2011

comida china



Miguel era mi compañero de piso. Compartíamos aquel zulo en una callejuela cerca de la estación desde hacía algo más de un año. Tenía la misma edad que yo y ambos estábamos tratando de acabar nuestros estudios. Creo que una vez le oí decir que estudiaba en la escuela de Ingenieros, pero tampoco podría jurarlo. Ese era el tipo de información que Miguel y yo considerábamos totalmente prescindible. 
Me gustaría describirle exhaustivamente pero, para que se hagan una idea de cómo era, creo que mejor les mostraré un pequeño resumen de un día cualquiera en su vida:

06:00 am La luz que entra por la ventana le despierta. Se ha vuelto a olvidar de bajar la persiana.
10:30 am Suena su despertador. Lo apaga.
11:30 am Decide levantarse. Pone rumbo a la ducha. Es un tipo aseado. 
12:00 pm Baja al bar de abajo y desayuna. Tostadas, ensaimada, zumito de naranja y Cola-Cao. No ha probado el café en su vida (tampoco le hace falta). Lee el Marca. 
12:45 pm Vuelve a casa y se sienta frente al televisor. Siempre ponen algo que le gusta. Espera a la llamada de su novia (él nunca la llama...)
...

Y bueno, más o menos creo que ya se dan cuenta del tipo de persona que era. Nunca supe cuánto tiempo llevaba con aquella chica -yo ni siquiera la conocía- pero salían bastante por ahí. El resto del tiempo lo pasaba frente al televisor o conmigo. 

Un día estábamos los dos tirados en el sofá. Hacía un calor de horrores. Estábamos en pleno mes de Agosto -ambos teníamos exámenes en Septiembre- y no podíamos ni movernos. El piso no tenía aire acondicionado, así que nos apañábamos con un viejo ventilador que nos había prestado el casero. 

-Joder tío, qué puto calor...- me dijo. 

-Ya ves... Creo que me voy a quedar pegado al sofá. ¿Te queda tabaco?

-No tío, y eso es lo peor de todo. No me quiero imaginar qué pasaría si salgo a la calle con este puto calor. 

-¡Mierda! ¿Vas a quedar con ésta hoy?

-Vendrá a casa en un rato... Creo que ya va siendo hora de que la conozcas. 

Me fijé en él detenidamente y me di cuenta de que nos parecíamos bastante, tanto en estilo de vida y eso, como físicamente. Ambos éramos castaños con el pelo bastante largo. Ninguno de los dos tenía mucha vida social ni planes de futuro. Sin embargo, Miguel tenía una novia. 

-¿Está buena?- pregunté. 

-Bastante tío, bastante... Creo que ésta vez he dado un buen golpe. 

-Entonces habrá que verla.

Nuestra camaradería era bastante especial. Sabíamos que ninguno de los dos éramos el tipo de amigo que presentas a tus padres, ni con el que irte de viaje al fin del mundo en velero. Éramos sencillamente un par de colegas. Un par de tipos, ni más ni menos. 

A eso de las ocho llegó. Se llamaba Luisa. Tenía el pelo liso y lucía un escote tremendo. A decir verdad, Miguel tenía razón; había dado un buen golpe. Después de las presentaciones, pensé que se largarían al cuarto de Miguel y eso. Pero no fue así. Fueron al salón y me invitaron a acompañarles. 

-Bueno, al fin y al cabo ésta es mi casa, ¿no? -dije. 

Luisa no hablaba mucho. Había venido bastante arreglada. Miguel y yo parecíamos dos zánganos: en calzoncillos y vistiendo camisetas de propaganda. Pasados los minutos, Miguel y yo seguíamos llevando el ritmo de la conversación. Yo intenté meterla un poco, pero contestaba tímidamente, con monosílabos. No es que fuese una idiota ni nada por el estilo, pero se la veía algo nerviosa. Al cabo de unos minutos, Miguel propuso pedir comida china. Todos estábamos de acuerdo, así que llamamos. Pedimos de todo, un buen festín pre-exámenes. Luisa se mantenía un poco indiferente, pero la escuché decir que tenía hambre. 
Nos dijeron que tardarían 40 minutos. Miguel se acordó de que no tenía dinero en la cartera, así que dijo que tenía que se iba a un cajero. Lo lógico habría sido que Luisa se hubiese levantado para acompañarle, pero no fue así. A ninguno de los dos pareció extrañarle la situación. Simplemente era eso; un tipo yendo al cajero a por pasta mientras que su novia esperaba en casa con el compañero de piso de éste. 

-En diez minutos vuelvo, hay un cajero aquí al lado-dijo. Portaos bien.

Vaya panorama... Ahí estábamos Luisa y yo muertos de calor con la tele estropeada. Yo me sentía algo incómodo -hay que tener en cuenta que ella no tenía una gran conversación- y ya no sabía qué más decirle. Era una de esas tías a las que hay que sacarles las palabras con cuentagotas. Hubo un par de minutos de silencio. Ella jugaba con uno de los cojines y miraba su reloj de pulsera constantemente. Pasados diez minutos, Miguel aún no había llegado. Al cabo de veinte, tampoco. Lo mismo pasó después de treinta. Y cuarenta... 

Entonces, pasados exactamente cuarenta y cinco minutos, Luisa se levantó como quien recibe órdenes de arriba. Como un robot autómata de una película de ciencia ficción, se dirigió hacia mí y me entregó una carta. Era de Miguel. Decía lo siguiente:
 
Hey tío de verdad que lo siento pero tengo que largarme. Me han surgido unos asuntos y me marcho de la ciudad. No sé si volveré o no. Sé que lo comprenderás. No dejo nada en mi cuarto (acaso alguna vez lo hubo?). Ah, te dejo a Luisa para tu uso y disfrute personal (al menos durante ésta tarde). No es mi novia ni nada por el estilo, es una puta que me debe un favor (pero te lo hará a ti, ya me entiendes). No te preocupes por el tema de la pasta, ya lo he arreglado todo con ella y lo de la comida también. Creo que esto compensará mi huida. Ya me pondré en contacto contigo cuando solucione ciertos temas. Cuídate y disfruta de Luisa... 

Miguel

Cuando levanté la vista del trozo de papel, ya estaba en ropa interior. <<Joder, está verdaderamente buena>> -pensé. En seguida me vino a la mente aquella frase de una novia que había tenido: <<jamás te permitiría que te fueses de putas, ni aún habiéndolo dejado conmigo>>. Joder, siempre jodiendo los momentos interesantes de la vida... Lo que la pobre no sabía es que, por muy puta que sea, mientras uno no saca el dinero de SU cartera, aquí nadie se ha ido de putas... 

-Y bien guapo... ¿Por dónde quieres que empiece?
 

miércoles, 15 de junio de 2011

metiendo la vida en cajas




A veces me sorprendo metiendo mi vida en cajas. No es que sea lo habitual, pero me ha tocado unas dos o tres veces en los últimos cuatro años... Resulta un poco frío decirlo asi, ¿no? Como si los recuerdos e ilusiones pudiesen empaquetarse o algo por el estilo... La primera vez fue con diecisiete años, pirándome de casa con abrazos y lágrimas. Me monté en el avión y me olvidé de todo... Para volver a empezar, aunque de otra manera.

Así que aquí estoy, metiendo mis singles de los Smiths en cajas de zapatillas Puma, en compañía de mis compactos Anagrama, mis libros de cuentos de Salinger y mi colección de tarjetas de restaurantes. Me fijo en la ropa que empaqueto y me veo a mí en otro tiempo. Me fijo en las cosas sin ningún valor material que quiero conservar y me veo en el futuro, en otro piso, en otra ciudad, guardándolas otra vez... Puede que para volver a largarme, para seguir huyendo o para sentar cabeza con alguien que me haga ver las cosas desde otra perspectiva, aunque me guste la actual. Me veo el lunes 27 en una oficina haciendo algo, intentando caer simpático y pensando en mis historias y en mis libros. En escribir sin pretensiones. Que venga lo que tenga que venir pero que no me falten ni papel ni boli ni ideas. Parece que fue ayer cuando me lancé a ésta aventura y parece que fui ayer cuando lo dejé por primera vez.

Como dice mi buen amigo Luis Garay: ''el tren pasa otra vez, pero no lleva al mismo destino''. Que nunca nos falten las palabras ni el amor.
Creo que alguna vez tenía que ponerme melancólico en este humilde blog.

No olviden chequear LÍNEA SUBURBANA 2 !!!!!!

martes, 14 de junio de 2011

LÍNEA SUBURBANA #2

Pues ya está aquí el número dos... Ésta vez es temático; todos hablamos de estaciones de tren, viajes, autobuses y esas cosas que hacen que los tipejos como yo se pongan tiernos escuchando a los Get Up Kids. Pablo Poveda, Helena Exquis, Miqui Puig, Julio Fuertes y yo, entre otros.

Hope you like it y todo eso

podeis descargarlo o leerlo online AQUÍ.

jueves, 2 de junio de 2011

jejejeje

Por más que lo intentase no podía dejar de mirarla. Había pasado exactamente un año desde aquel inolvidable revolcón. Supongo que ella también se acordaría –había estado muy bien- pero el rumbo de los acontecimientos no fue el deseado. Como siempre suele pasar, el puto rumbo de los acontecimientos te jode y se ríe de ti.
Seguía mirándola, fascinado por sus looks primaverales. No era la tía más guapa del mundo pero joder, estaba seguro que era la mejor de todas las que ocupaban las sillas de aquella clase magistral… Yo seguía recordando aquel encuentro, y mis músculos se agarrotaban. Ya no sabía si era que lo había magnificado o que, para mí, fue el revolcón DEL SIGLO. El encuentro sexual definitivo. Quizás estaba extrapolando lo sexual a lo amoroso… Puede que hasta me estuviera enamorando o algo así. Daba igual, seguía mirándola mientras creía que mi miembro fuese a explotar.
Pensé en playas mediterráneas y en colinas. En viajes en coche por carreteras secundarias escuchando a Wilco. Follar como locos y hablar de la vida. Me acordé de ella sobre mi cama, la mañana siguiente a la noche de autos, desnuda y con una media sonrisa, como sabiendo que aquello suponía meterse en un buen lío pero que había merecido la pena… 

jueves, 19 de mayo de 2011

rafa y sus dos amigos


Salía del metro con bastante prisa por llegar a casa. Llevaba unos días algo ajetreado con todo aquello de reconstruir mi vida y demás historias. Estaba contento, nervioso, pero contento. Apenas había comido esa semana y me pasaba el día pegado a la máquina de café. Sin embargo no desistía, quería volver a hacerme un hueco en mi vida.

Aquel día había salido algo antes de la oficina. Estaba saboreando aquella hora extra de libertad mientras escuchaba un directo de los Smiths en mi iPod. No había pasado nada especial, pero tampoco había sido un mal día, no nos vamos a engañar. Al salir del metro coincidí con la salida de un colegio de primaria. Los tres chavales estaban al fondo de todo, como rezagados. Iban ataviados con camisetas de sus equipos favoritos empapadas en sudor. Se agarraban por los hombros a modo de exaltación de la amistad. Tendrían unos once años. Hablaban con sus graciosas vocecillas en tono MUY elevado. Decían nosequé de alguna jugada del partido y felicitaban al de en medio -que, por lo que oí, se llamaba Rafa- por el gran gol que les había dado la victoria.
Al verlos así no pude evitar sonreír. Me los imaginaba ahí, a los tres, a Rafa y sus dos amigos, diez años después... Igualmente cogidos por los hombros, igualmente con las camisetas de sus equipos favoritos sudadas... Hablando en todo MUY elevado en la calle a altas horas de la madrugada, borrachos como cubas intentando ligar con alguna chica más mayor que ellos.
Supongo que eso es en lo que se transforma la amistad: sigues agarrando a tus amigos por los hombros, sudando y berreando con ellos, sólo que al final los únicos goles que te importan son lo que metes tú en ese noble terreno de juego que es la cama.

lunes, 9 de mayo de 2011

EUROPA


En su día consiguieron encandilarme con sus rascacielos, sus coloridos envases y esos seductores nombres que hacen que todo suene bien. Su música, sus chicas tontas, su prepotencia... Supongo que me ponía saber que no tenían ni puta idea de situar mi país en un mapa. Supongo que parte de la culpa la tuvo la morena del Chuck E Cheese's... Nunca me han gustado los parques de atracciones, ni las emociones fuertes, ni las fotos ni nada de eso. Pero me creía feliz allí, en una aureola de falsa realización personal por comprar camisetas que nadie más tendría al regresar a casa...
Poco a poco me fui dando cuenta de que no me atraen las barras ni tampoco las estrellas. Bueno, sólo las amarillas a decir verdad... Y es que... ¿por qué soñar con algo tan superfluo cuando todo lo que queremos está aquí? En la vieja patria, donde hablamos idiomas y conocemos a los demás. Donde nos preocupamos. NOS PREOCUPAMOS.

feliz día de europa

miércoles, 4 de mayo de 2011

EL PRÍNCIPE

Carlos estaba sentado frente a la ventana, con los pies descalzos apoyados en el radiador apagado. Estaba observando detenidamente el collage que le había regalado su novia. Aquel día hacían un año, y ella había hablado con su madre para pedirle fotos de Carlos cuando era pequeño. Las había de todo tipo: en el parque de atracciones, en casa de sus tíos en el pueblo, en fiestas de cumpleaños... Carlos no pudo evitar sonreír al verlas. <<Es muy tierno todo esto>> se dijo, aunque en realidad no le importaba una mierda. De pronto vio una imagen que pasó a atraer toda su atención. Era una foto suya en el puerto. Carlos debía tener unos tres años cuando se la hicieron, y en ella se le podía observar con su gracioso pelo rubio a la taza y una chaqueta amarilla que era su favorita. A decir verdad, salía verdaderamente gracioso. Intentó recordar aquel día... Al principio le costó un poco, pero pronto recordó que fue tomada un día que habían ido al puerto a ver el barco nuevo de su tío. Su tío Alfredo era un hombre muy rico. Cada vez que se lo encontraba, éste entregaba a Carlos una moneda de quinientas pesetas. Era esa clase de tío. Era empresario o algo por el estilo. No se podía acordar del todo bien de aquel día en el barco. Recordaba vagamente cómo le había impresionado su tamaño y que, después, habían ido a dar una vuelta por la bahía. El resto de los recuerdos fueron meras especulaciones. En un momento dado, Carlos se pudo ver a sí mismo, el mismo día de la foto, rodeado de las mujeres que iban a bordo. Se vio siendo el centro de atención, el objeto de entretenimiento de aquellas señoras maquilladas que fumaban y reían mientras exclamaban cosas como <<¡qué monada de niño!>> o <<si hasta parece un chico mayor con su chaqueta amarilla...>>.
En ese instante le invadió la melancolía. Empezó a pensar que, una vez, había sido un niño muy mono al que todas las señoras de los barcos prestaban atención. Había sido un pequeño ser virginal, blanco y puro, de ojos graciosos y pelo a la taza. Su novia estaba a punto de regresar a la habitación. Se habían quedado los dos solos en la casa. Carlos Intentó contenerse y ocultar sus lágrimas, pero no pudo. Se sentía un príncipe, un pequeño príncipe del reino de la infancia que había cometido una horrible traición... ¿Quién se había creído él para convertirse en un tipo que se creía mayor por follarse a su novia de forma regular? Su mundo empezó a derrumbarse. Todo aquello en lo que creía carecía de sentido. Laura intentó calmarle, pero Carlos no era capaz de hablar. Sólo podía llorar y desear con todas sus fuerzas volver a aquel día, a aquel mundo inocente y virginal para quedarse para siempre en aquella foto. Deseaba más que nada en este mundo volver a ser el niño de aquella tarde en el barco. Lo deseaba más que todas las noches de sexo del mundo. Que todos los encuentros en baños y portales de su adolescencia. El niño de la chaqueta amarilla que tanto gustaba a las madres. Quería volver a sentirse príncipe.